Establecer la lactancia es todo un reto. No por lo que naturalmente representa, si no por la falta de respeto a nuestros derechos y el exceso de prácticas inadecuadas, de obstáculos sociales y de prejuicios culturales. Por si fuera poco, las reducidas semanas de incapacidad por maternidad a las que tenemos acceso generan como resultado muchas lactancias estropeadas. Una política pública ineficiente es lo que tenemos ahí, por un lado, la norma que dice "lactancia exclusiva 6 meses y complementaria hasta al menos los 2 años" y por otra, una reincorporación a la fuerza laboral en pleno brote de crecimiento de los 3 meses de edad del bebé, sin contar la falta de respeto de muchos empleadores a la ley, al no facilitar el acceso a dos recesos de media hora por jornada de trabajo para que las mujeres se extraigan la leche en un lugar digno e higiénico. Muchos de ellos se van por la tangente "salida temprano una hora" como si eso favoreciera la lactancia. 


Nos urge una política pública que deje de ver principalmente por los intereses de los empleadores y valore lo trascendental de poner a la primera infancia como pilar. Hablar de primera infancia es hablar de lactancia materna y esta, ha sido reconocida como una de las estrategias más costo-efectivas para reducir la mortalidad infantil y mejorar el estado nutricional de toda una nación.


¿Qué nos falta para contar con una licencia de maternidad y paternidad de al menos 6 meses? ¿Cómo hacemos el cambio de visión para dejar de verlo como una pérdida cuando en realidad todas las personas ganamos?


Los empleadores deben saber que ellos también se benefician al apoyar la lactancia materna en los centros de trabajo, pues de acuerdo a UNICEF, los índices de rotación y ausentismo llegan a disminuir hasta en un 60%, la lealtad y el compromiso de las mujeres a quienes se les facilitan las condiciones aumenta y con ello, los empleadores,  son candidatos para atraer personal mejor capacitado. 


Hay sectores que merecen especial mención, como lo son las mujeres obreras, operarias,  las docentes y las mujeres que laboran en el sector judicial.  No es lo mismo tener tu propia oficina para extraer, poder hacer tus horarios, que trabajar extensas jornadas de pie, en campo, sin posibilidad de extraer. ¿Será entonces que los hijos de esas mujeres deben ser privados del derecho humano que representa la lactancia? ¡Claro que no! Debemos crean condiciones, delegar a comisiones, instalar lactarios fijos y móviles. Hay mucho por hacer. 


Si tu eres una mamá que amamanta y trabaja: ¡Felicidades! Gracias por ser parte del mínimo porcentaje, donde 1 de cada 10 logra empatar la lactancia con el trabajo.


Si tú piensas reincorporarte a la fuerza laboral, no olvides capacitarte en extracción, conservación y almacenamiento, solicita por escrito tu permiso de lactancia y arma tu red de apoyo.


Todas las demás personas tenemos, sin duda, algo que hacer o dejar de hacer para que ellas puedan lograrlo, ¿identificas tu rol? 


Hagamos que amamantar y trabajar sea posible.


Mariana Villalobos

mariana.villalobos@hotmail.com

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